Ha pasado una semana desde que terminó la Semana Santa, la Hebdomas Sancta y ahora, cuando se cumple la octava del Domingo de Resurrección, en este segundo domingo de Pascua, la Iglesia nos propone una celebración muy especial; el Domingo de la Divina Misericordia.
Fue el Papa San Juan Pablo II, quien instauró, en el segundo domingo de Pascua, para toda la Iglesia, la celebración del Domingo de la Divina Misericordia. Fue en el año 2000, durante la Canonización de la religiosa polaca Sor Faustina de Kowalska (1905-1938), la llamada Apóstol de la Misericordia, cuando extendió para toda la Iglesia, una celebración que el cardenal Francisco Macharski, en 1985, empezó a celebrar en la Archidiócesis de Cracovia y que, diez años más tarde, en 1995, se extendió por todas las diócesis de Polonia.
El origen de esta fiesta hay que buscarlo en las visiones que experimentó Santa Faustina de Kowalska y, que fueron recogidas en un diario a instancia de su confesor Miguel Sopocko. En dicho diario, la mística polaca recogió lo que el Señor le pidió; “Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección, sea la Fiesta de la Misericordia. (Diario cf. 299) Esta visión y este mensaje del Señor a Santa Faustina, son la base de la Fiesta litúrgica que hoy celebramos.
En la actualidad, está más que extendida, una imagen del Señor, en el que aparece glorioso, con la mano derecha alzada y la izquierda apoyada en el pecho, de donde salen unos rayos. Esta imagen, que, sin temor a equivocarnos, es una de las más conocidas y devotas del mundo, responden a otra visión recogida en el mencionado diario, donde el Señor encarga a Santa Faustina; “Estando en mi celda vi al Señor Jesús vestido con túnica blanca, una mano levantada para bendecir y la otra apoyada en su pecho. La túnica ligeramente entreabierta que deja salir dos grandes rayos; uno rojo y otro pálido. […] Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma; Jesús, en ti confío” (cf 47) el cuadro fue encargado en 1934 al pintor Eugenio Kazimierowski.
Celebramos el segundo domingo de Pascua, el domingo de la Divina Misericordia. El Salmo 117 de la misa, que rezaremos este domingo nos recordará “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.”
José Antonio Vieira.
Diputado de Formación.
