Ya hemos comentado que, el pasado año, se conmemoraron los 1700 años del Concilio de Nicea, donde se fijó la fecha para celebrar la Pascua. Una necesidad, teológica y doctrinal que, ya se empezó a dirimir, unos años antes, en el Concilio de Arlés (314) pero que, hubo que esperar al 325 para que, los padres conciliares de Nicea, fijaran la fecha. Así, se estableció que, la Pascua de Resurrección debía celebrarse siempre en domingo. Esta afirmación, que nos puede resultar una obviedad, viene dada, porque, los judíos podían celebrar la Pascua cualquier día de la semana y, uno de los objetivos era, que la Pascua cristiana no coincidiera con la judía.

De las distintas corrientes que, en aquel entonces existían entre los cristianos, una era la que seguía a la Iglesia de Roma y otra, la que hacía lo propio con la Iglesia de la Alejandría. Entre ambas, existieron muchos puntos de desencuentros. Uno de ello fue, el marcar la fecha en la que tenía lugar el equinoccio de primavera, fecha la cual, era de capital importancia para fijar la celebración de la Pascua cristiana. Así, los católicos fijaban la fecha del equinoccio primaveral el 18 de marzo y, los alejandrinos el 21 de marzo. En este caso, prevaleció la fecha del 21 de marzo, entre otras cosas, debido a que tenían más estudios y conomimientos sobre astronomía, pero, fue sobre todo, a partir del 525, cuando el monje y matemático Dionisio el Exiguo, consiguió que la Iglesia de Roma adoptara esta fecha para establecer la Pascua. Teniendo en cuenta que, el equinoccio no coincide todos los años en la misma fecha, se estableció que, la Pascua cristiana se celebraría el domingo siguiente ak primer plenilunio tras el equinoccio primaveral, fijado el 21 de marzo, como ya hemos visto. Esa luna llena, llamada Eclesiaástica o Eclesial, puede no cincidir con la luna llena astronómica. De esta forma, si la luna llena eclesiástica cae en domingo, la Pascua, se celebraía el domingo siguiente para no concidir con la Pascua judía. De esta forma, la Pascua no será nunca antes del 22 de marzo ni después del 25 de abril.

El 24 de febrero de 1582 el Papa Gregorio XIII firmó la Bula Inter Gravissima por la que, se pasa del calendario juliano al calendario gregoriano. Para cuadrar ese calendario, en ese año, se suprimieron diez días en el mes de octubre, pasándose así del día 4 al 15 de octubre. Los ortodoxos siguen manteniendo el calendario juliano, motivo por el cual, la Pascua, no la celebran el mismo domingo que los católicos.

Ya hemos hecho alusión a la intentona, no novedosa, del Papa Francisco para establecer una fecha común para celebrar la Pascua. En 1975, este encuentro entre católicos y ortodoxos estuvo cerca pero, fue rechazado por estos últimos.

Este apasionante tema, en el que, la luna toma un protagonismo especial, no quearía completo sin, al menos conocer de oídas, términos como Epacta, (edad o ciclo de la luna cada 1 de enero) Número Aureo ( Creado por Metón, establece que, cada 19 años la Luna Nueva coincide en la misma fecha), que son de gran importancia para establecer todo el calendario liltúrgico. Así mismo, no puede, por su importancia, quedar en el olvido el gran matemático y astrónomo alemán Johann C. Gauss, creador de la fórmula para establecer la fecha del Domingo de Resurrección.

José Antonio Vieira Roldán

Diputado de Formación.

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