El próximo miércoles, día 15 de septiembre, la Iglesia conmemora los Dolores Gloriosos de la Madre de Dios. Fiesta instituida por el Papa Pio VII, en el año 1814. Día en el que, según establecen nuestras Reglas, celebraremos solemne misa en honor a la Santísima Virgen del Mayor Dolor.

Y el mejor homenaje que podemos hacer a Nuestra excelsa Titular, es conocer aquel glorioso capítulo de su historia devocional que tuvo lugar el Miércoles Santo, del año 1935, porque, en mi opinión: “se ama mucho más, lo que mejor se conoce”.

Y es que aquel 17 de abril de 1935, fue la última vez que las primitivas imágenes del Santísimo Cristo de la Expiración, y María Santísima del Mayor Dolor, hicieron su Estación de Penitencia, antes de su triste desaparición del 21 de julio de 1936, durante el saqueo y expoliación de la Iglesia de San Francisco, al comienzo de la Guerra Civil.

Recordemos que, en la Semana Santa de 1936, las cofradías de la ciudad no salieron a la calle, y en su lugar se celebraron los actos en el interior de los templos.

Vivamos, entonces de primera mano, las vivencias de aquella salida procesional del año 1935, buceando en las hemerotecas.

La prensa recoge el sentir devocional y popular de toda Huelva hacia la Santísima Virgen.

“La Virgen más fervorosa, popular y bonita de Huelva”:

El diario La Provincia del día 18 de abril de aquel año 1935, página 4, en su sección de Semana Santa, publica:

“A las nueve de la noche, salió de la Iglesia de San Francisco la procesión de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración y de María Santísima del Mayor Dolor. En la plaza del mismo nombre que la iglesia, esperaron la salida de la Virgen, la más popular y bonita de Huelva, una inmensa multitud para aclamarle y rendirle la fervorosa devoción que por ella se siente. Anoche, en las calles de Huelva se notó la primavera mística de la Semana Santa”.

Diario La Provincia 18-04-1935 Pag. 6

“El deslumbrador paso de la Virgen”:

También el otro periódico de la ciudad, el Diario de Huelva, en su sección Semana Santa en Huelva, se hace eco de la procesión, y en su publicación del día 18 de abril de 1935, página 3 publica:

“Abría marcha la Guardia Civil montada y a continuación representación de diferentes Hermandades de la capital”.

“Los dos magníficos pasos llamaron poderosamente la atención del público, principalmente el de la bellísima Virgen, que lucía profusa iluminación eléctrica e iba cuajado de claveles blancos, ofreciendo un aspecto deslumbrador”.

Las saetas de Antonio Rengel, al paso de la cofradía por la redacción del Diario de Huelva en la Calle Gravina

Continúa la crónica del Diario de Huelva, diciendo:

“Al pasar la procesión por la calle Gravina, … se hallaba dicha vía completamente atestada de público, deseoso de oír al gran cantaor onubense, (Antonio Rengel) tan admirado por nuestro pueblo”.

El gran salón de nuestra Redacción se vio invadido… y los balcones estaban totalmente ocupados por señoras y señoritas, que no querían perder la ocasión de oír cantar a Antonio”.

“Al llegar frente a nuestra casa pararon los pasos del Redentor Crucificado y la Magdalena y la preciosa imagen de la Virgen de los Dolores, y Rengel desde el balcón central de nuestra Redacción cantó varias saetas con su peculiar estilo, que fueron muy aplaudidas y celebradas”.

“Una multitud congregada al paso de la cofradía que hizo su recorrido con el mayor orden, organización y disciplina”:

A este respecto, la crónica del Diario de Huelva, nos dice:

“El enorme gentío se congregó a todo lo largo del trayecto para presenciar el desfile de la procesión, que recorrió el itinerario con el mayor orden, organización y disciplina, mereciendo muchos y cálidos elogios del público”.

“La procesión siguió su marcha, recogiéndose en el templo de San Francisco con el mismo orden y entusiasmo que a la salida y en todo el recorrido”.

Diario de Huelva 18-04-1935 Pag. 3

El mejor relato poético de aquél Miércoles Santo.

Además de las crónicas periodísticas, tuve la suerte de localizar hace unos años en el Fondo Díaz Hierro, del Archivo Municipal de Huelva, el mejor testimonio lirico de aquella Estación de Penitencia, de la mano del insigne onubense D. Diego Díaz Hierro, quién en su “Antología poética”, recoge entre otras obras un poemario bajo el título“Noche de Semana Santa en el Barrio de San Francisco. (Pinceladas de antigua y castiza evocación”, que fue escrita entre los años 1936 y 1940.

Por su extensión, no vamos a publicar el poemario completo, sino aquellos versos más elocuentes dedicados al sentir del barrio marinero de San Francisco, y a la Virgen del Mayor Dolor. Espero que lo disfrutéis:

“Noche de Semana Santa en el Barrio de San Francisco”

La flor de las alegrías,

del nardo y de la morera

es este tiempo. Las nueve

de la noche son. Es fiesta

por el clamor y la bulla

en las calles y tabernas

del barrio. Noche divina

de Semana Santa en Huelva.

La Plaza de San Francisco

para los novios se queda;

El puesto de chucherías

y su propietaria vieja;

El que vendía sardinas,

la que pregonaba almejas

juntos con el labrador

más altivo de esta tierra,

muestran a todos sus galas

y sus dotes placenteras.

La Calle Enmedio está toda

solitaria, está desierta

porque al oír los tambores

y el vibrar de las cornetas,

el gozo vibró en el alma,

la sangre saltó en las venas

y se dejaron las redes

sobre las sillas de eneas.

La gente corre contenta.

Ya pasan los penitentes,

blanco y morado. En la reja

la niña que le habla al niño,

por ver la procesión, deja

la pava en lo más solemne

de la noche de canela.

Noche de plata y divina

de Semana Santa en Huelva.

Nuestra Señora aparece

bajo su palio de seda.

Rayos y luces divinas

rodean como centellas

a la que lleva en su pecho

un puñal de ricas piedras.

Una, que ha llegado tarde

pregunta con voz de almendra:

¿ya salió el Señor?

¡Que si salió! ¿No se acuerda?

Muerto en la cruz y delante,

llorando, la Magdalena.

Por cierto, que es muy difícil

la salida de la iglesia.

Siempre ocurre algún percance

Y se llevan hora y media

digo poco ¡hasta dos horas!

con los pasos en la puerta.

Eso es típico: la gente

con gusto lo sobrelleva.

El Cristo, que salió, va

por la calle de las Señas

y los armaos también

con sus plumeros y medias

de color rosa. Es la única

cofradía que los lleva.

Pero la Virgen está

ante nosotros excelsa,

bendita y llena de gracia,

blanca como una azucena.

Lágrimas vierten sus ojos

en preciosísimas perlas,

que al caer en sus mejillas

las hace deslizar por las nuestras.

Sale entre nubes de incienso

con su carita de pena,

Virgen del Mayor Dolor,

blanca como una azucena.

Viene encendida de alhajas,

coronadita de estrellas,

con gasa como la nieve

recubriendo su cabeza,

porque es la soberana

del Cielo, doliente hebrea.

Noche de Miércoles Santo

sin bailes ni panderetas

sin guitarras ni porfías,

sin peleas en las tabernas.

Los balcones están llenos

de mujeres y macetas.

Una oración de una madre

pidiendo que su hijo vuelva.

Suspiros esperanzados

una ensarta de promesas.

La Plaza de San Francisco

de muchedumbre se llena

y en los puestos de alfajores

el carburo es la lumbrera.

Músicas divinas. Noche

de Semana Santa en Huelva.

Ráfagas, de cuando en cuando,

de incienso y redobles llegan.

Ya se recogen los pasos:

cuando en los relojes suenan

las dos de la madrugada;

cuando los barcos de pesca

de don Juan Ortiz de Mora

prepáranse a la tarea;

cuando a las rosas del aire

las deshoja las saetas

de todos los cantaores

más afamados de Huelva.

Ya se recogen los pasos.

La Virgen está en la puerta

antes de entrar en el templo,

blanca como una azucena

suspiros esperanzados,

una ensarta de promesas.

Los balcones están llenos

de mujeres y de macetas.

Noche de Miércoles Santo

sin bailes ni panderetas,

sin guitarras ni porfías,

sin peleas en las tabernas.

Noche divina. ¡Que noche

de Semana Santa en Huelva!

Espero que lo hayáis disfrutado tanto como yo lo he hecho.

Y, para terminar, una reflexión:

Hoy la devoción a María Santísima del Mayor Dolor sigue viva y pujante.

Aquellas primitivas imágenes se perdieron, al igual que su antigua Iglesia y su antigua plaza marinera, pero la devoción al Santísimo Cristo de la Expiración y su bendita Madre del Mayor Dolor, que hunde sus raíces en el Convento de San Francisco hasta los siglos XVII y XVIII, han trascendido hasta nuestros días, y se ha fortalecido con el paso de los años, recibiendo a sus plantas continuas muestras de fervor y veneración que trasciende los límites de nuestra provincia.

Este es el legado recibido de nuestros mayores, y por ello nosotros los esperancistas, los hermanos de San Francisco, hombres y mujeres cristianos de esta tierra, sentimos en nuestros corazones a su Dolorosa del Calvario, como uno de sus tesoros más preciados, para el Barrio de San Francisco y para toda Huelva.

JOSÉ ALFONSO VARELA RODRÍGUEZ

(Diputado de Formación)

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