MARÍA STMA. DEL MAYOR DOLOR
Algunos de sus más fervientes devotos en tiempos pretéritos
Hoy 15 de septiembre los hermanos de San Francisco celebramos solemne misa en honor a la Santísima Virgen del Mayor Dolor. Día en que la Iglesia celebra la Fiesta de los Dolores Gloriosos de la Madre de Dios, una devoción muy extendida en los países mediterráneos que contempla a María al pie de la Cruz.
El origen de esta conmemoración se remonta a finales del siglo XI, cuando comenzaron a surgir en Europa expresiones litúrgicas que destacaban la unión íntima de la Virgen con la Pasión de su Hijo.
En el siglo XIII, los frailes “Siervos de María” impulsaron especialmente esta espiritualidad, hasta que en 1668 se les permitió celebrar la Misa votiva de los Siete Dolores de María. Más adelante, el Papa Inocencio XII autorizó en 1692 la celebración de los Siete Dolores el tercer domingo de septiembre.
Fue Pío VII quien, en 1814, extendió la fiesta a toda la Iglesia, y finalmente Pío X fijó la fecha definitiva el 15 de septiembre de 1913, justo después de la Exaltación de la Santa Cruz, cambiando su nombre a Nuestra Señora de los Dolores.
Ahora bien, los feligreses de la Iglesia Conventual de San Francisco de Asís de la villa onubense, fueron unos adelantados, pues, al menos desde el año 1762, rendían culto a la primitiva imagen de la Virgen del Mayor Dolor, en su altar, y celebraban anualmente el piadoso Septenario de Dolores.
Pero, ¿quiénes fueron estos primeros feligreses del barrio de San Francisco que rendían culto a la Virgen del Mayor Dolor? Muchos son las referencias documentales que nos dan la respuesta, y entre ellos hemos destacado a algunos de los más significativos.

Postal cedida por N.H. Guillermo Ortega Madrigal
Los más fervientes devotos de la Virgen del Mayor Dolor de San Francisco
- Juan Torres, quién el 4 de noviembre de 1762 [1], manda ser enterrado al pie del altar de Nuestra Señora de los Dolores, con el hábito de la seráfica Orden Franciscana, así como celebrar una de sus tres misas de agonía ante el altar de la Virgen. También fue su gran benefactor, y destinó sus caudales para que después de su fallecimiento se dorara el retablo de la Virgen, y se colocara vidriera de cristal en su camarín.
- Francisco del Castillo y Banzenas, quien el 23 de diciembre de 1762 [2], fundó una memoria perpetua a cargo del convento de San Francisco, para que cada año en los días del septenario de Dolores, se le diga en el altar de Ntra. Sra. del Mayor Dolor, una misa cantada por su alma e intención.
- Bartolomé Herrera, quien el 31 de diciembre de 1777 [3], fundó una memoria perpetua de misas rezadas por su alma, entre las que se encontraba la que se habría de celebrar cada año, el día de los Dolores de Ntra. Sra., en su altar del convento franciscano. Cuya Misas las encargó decir a su hijo, el presbítero D. Juan Herrera, y al fallecimiento de éste, a los religiosos del convento.
Otros fervientes devotos de la Virgen del Mayor Dolor, rendían culto privado en sus casas. Para ello disponían de tabernáculos con las imágenes devocionales, que se disponían en el lugar preeminente de sus aposentos y ante los que se rezaba el rosario u otras piadosas oraciones. Y para muestra dos botones.
- Ana de Robles, el 2 de marzo de 1802 [4], se deja constancia en la escritura de Partición de su herencia en favor de su esposo Juan Francisco Ramos, y sus hijos, y entre sus cuantiosos bienes, figura un tabernáculo de madera con la Virgen del Mayor Dolor, valorado en 45 Reales de Vellón.
- Tomás Díaz Blanco, quien, en junio de 1838 [5], otorgó su testamento, y entre cuyos bienes, aparecía un tabernáculo, con la imagen de Ntro. Señor Jesucristo expirando en la Cruz, con sus cantoneras y potencias de plata, Ntra. Sra. del Mayor Dolor con su vestido bueno, espada en el pecho y corona imperial de plata, San Juan y la Magdalena con sus buenos vestidos.
Estos fueron algunos de esos hombres y mujeres iniciadores del culto y la devoción a la Virgen del Mayor Dolor y al Cristo de la Expiración, en el barrio de San Francisco, y los que la mantuvieron viva y la acrecentaron durante al menos 130 años.
Sirvan estas líneas para honrar la memoria de aquellos fieles devotos de nuestras primitivas imágenes fundacionales, y que a la postre pasaron el testigo devocional a nuestros hermanos fundadores, dando origen a nuestra Hermandad de San Francisco.
En sufragio de sus almas, y en recuerdo de su generosidad, recemos una “Salve” contemplando a María como la Madre que sufre, pero que no se derrumba; la discípula que enseña a permanecer firmes en la fe, incluso en medio del dolor, y la intercesora que acompaña a cada creyente en sus propios sufrimientos.
José Alfonso Varela Rodríguez
Consiliario 3º
[1] Archivo Histórico Provincial de Huelva (AHPH): Signatura 4263, folio 347. Codicilo de Juan Torres otorgado el 4 de noviembre de 1762 ante el escribano Andrés González Valiente.
[2] Archivo Histórico Provincial de Huelva (AHPH): Signatura 4263, folio 363. Testamento de Francisco del Castilla y Banzenas, otorgado el 23 de diciembre de 1762, ante el escribano Andrés González Valiente.
[3] Archivo Histórico Provincial de Huelva (AHPH): Signatura 4599, folio 150. Testamento de Bartolomé Herrera, otorgado el 31 de diciembre de 1777, ante el escribano D. Antonio Gómez García.
[4] Archivo Histórico Provincial de Huelva (AHPH): Signatura 4778, folio 72. Partición Convencional, de Juan Francisco Ramos y sus hijos del caudal que dejó Ana de Robles, su mujer y madre, otorgado el 2 de marzo de 1802, ante el escribano D. Juan Antonio Rivero.
[5] Archivo Municipal de Huelva (AMH): Fondo Díaz Hierro, Carpeta 191 – Subcarpeta 7.
